Archive for marzo, 2009

La nueva ciudad sostenible

Hace apenas media hora que ha amanecido en Hammarby Sjostad. El sol aún no ha empezado a calentar pero la calle ya está llena de personas que se dirigen al trabajo. Podría ser éste cualquier otro lugar en el mundo. Podría serlo a juzgar por la apariencia. Pero este barrio del sur de Estocolmo es el primer ejemplo de urbanización holística. Aquí cada recurso se aprovecha para desarrollar el siguiente. El agua de la lluvia, por ejemplo, sirve para abastecer el retrete, y la basura se recicla en la energía que sustentará la calefacción de la casa. Todo para demostrar que el desarrollo sostenible no sólo es posible, también económico.

“SymbioCity pasaría desapercibida entre cualquier otra urbanización de nueva construcción. No ha sido planeada como una ciudad ostentosa, la idea era que fuese confortable”, explica Erik Freudenthal, director de la oficina medioambiental de Hammarby Sjostad. Levantada sobre una antigua zona portuaria, esta pequeña ciudad de 11.000 viviendas se ha convertido en la respuesta sueca al hogar del futuro. “Queríamos limpiar la zona, que en el pasado era una de las más contaminadas de la ciudad por su actividad industrial, y al mismo tiempo encontrar un modelo sostenible realista, capaz de mantenerse por sí mismo”.

 

Con el apoyo del Gobierno sueco y la colaboración de más de un centenar de empresas, SymbioCity ha empezado a dar resultados. En menos de cinco años, el impacto medioambiental se ha reducido en más de un 50%. La clave ha sido un pormenorizado estudio de las sinergias. Por un lado se han aprovechado las distintas fuentes de energía natural. La solar, por medio de paneles integrados en cada vivienda; la eólica, con un parque de molinos de viento; y la hidráulica, como parte del diseño del espacio a través de canales que recogen el agua de lluvia y la llevan por toda la ciudad.

 

Por otro, se ha definido una cadena de tratamiento de residuos a largo plazo. De este modo, por ejemplo, “la basura orgánica de cada hogar se recicla en biosólidos que más tarde servirán de abono para las plantas. De estas plantaciones se extraerá biofuel que, después de su tratamiento, volverá a la casa transformado en energía calorífica y electricidad en tan sólo unos meses”, explica Freudenthal. El consumo de agua también se ha reducido. Frente a los 200 litros al día que suele consumir una persona, el rango actual se sitúa entre los 100 y los 150 litros , aunque la tendencia es bajar este margen aún más.

 

 

El ejemplo nórdico

 

“Somos conscientes de la necesidad de buscar fuentes de energía renovables y por eso llevamos años trabajando en ese sentido”, afirma Gunnar Wieslander, secretario de Estado del Gobierno sueco. En Suecia, alrededor del 50% de la población vive en núcleos urbanos. Esta circunstancia, unida a un fuerte desarrollo industrial y a la escasez de agua, llevó al país a un punto de inflexión en la década de los 70, durante la crisis del petróleo, cuando empezaron a buscarse las primeras alternativas a la dependencia energética.

 

“Desde 1995 hemos podido comprobar cómo nuestra curva de desarrollo ha seguido creciendo mientras que la de las emisiones se quedaba estancada. Esto nos lleva a desmentir que el desarrollo económico de un país no sea compatible con un modelo sostenible”, señala Wieslander. “Primero empezamos a tratar los problemas medioambientales de forma aislada, fue entonces cuando nos dimos cuenta de que las diferentes soluciones estaban conectadas y que la mejor forma de abordarlas era siguiendo un plan de acción común”.

 

Hace tan sólo unos años era impensable pescar en las aguas que bordean Estocolmo. “Hoy no sólo es posible, sino que además se puede encontrar uno de los mejores salmones”, apunta el secretario de Estado. Una de las iniciativas de más éxito, promovida por el ayuntamiento de la capital sueca, ha sido la sustitución de todos los autobuses por otros más modernos alimentados con bioetanol. “Con medidas como esta, de un 80% de consumo de combustible fósil, se ha llegado al la cifra actual, que ronda el 3% en todo el país”. Este avance ha supuesto una reducción de un 60% en las emisiones de CO2, aunque también ha traído consigo un inevitable desarrollo de la energía nuclear.

 

En SymbioCity el ejemplo es más concreto. El 80% de los desplazamientos de sus 26.000 habitantes se hacen a pie, en bicicleta o en transporte público, un tranvía eléctrico que recorre la calle principal. En este barrio se ha conseguido reducir en un 40% el uso del coche privado. Primero, planeando un diseño que mantuviese todos los servicios a mano, lo suficientemente cerca como para que no fueran necesarios grandes trayectos. Después, fomentando iniciativas como Carpool, una empresa de alquiler de vehículos no contaminantes por horas que cuenta ya con 450 socios entre los vecinos.

 

La construcción de SymbioCity supuso una inversión inicial de cuatro mil millones y medio de euros. Hoy el precio de una vivienda de 80 metros se sitúa alrededor de los 400.000 euros, ligeramente por encima de la media de toda la ciudad. El alquiler mensual ronda los 850 y los 1.100 euros, dependiendo de los extras de la casa. La inversión, sin embargo, se rentabiliza con el ahorro energético. De hecho la mayoría de sus habitantes son jóvenes parejas de clase media con hijos que se han mudado desde otras zonas de Estocolmo y que han hecho también suya la máxima de Mahatma Gandhi que describe el espíritu de la ciudad: “La Tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no su codicia”.

 

SERGIO SAUCE

 

Los nuevos biocombustibles procederán de los desechos

Los biocombustibles primarios -maíz, palma o caña de azúcar cultivados para su uso energético- pierden fuelle ante una segunda generación inspirada en el reciclado. Alemania, el primer productor mundial de biodiésel antiguo, ha marcado la pauta con la primera refinería que saca fuel de la madera. Y el Reino Unido abrió en enero un Centro de Bioenergía Sostenible para obtenerlo de residuos agrícolas, desechos leñosos, algas marinas y microbios alterados.

Hay dos problemas con los biocombustibles primarios, uno ambiental -requieren ganar al bosque nuevas tierras de cultivo, lo que agrava el cambio climático- y otro económico: pueden alterar los precios, y comprometer el suministro de alimentos como el azúcar, el sorgo y el maíz.

 

La Unión Europea revisó el año pasado su objetivo para 2020, que era cubrir con biocombustibles (de los llamados primarios) el 10% de la energía para el transporte. Bruselas mantiene esa cifra, pero ha decidido que se pueda cubrir también con hidrógeno, paneles solares o cualquier otra fuente renovable.

Contra las expectativas de hace unos años, y pese al apoyo de muchos gobiernos, incluido el español, el mercado mundial lleva tiempo acumulando excedentes de biocombustibles primarios. Hay un exceso de oferta, según el sector. Repsol, por ejemplo, acaba de congelar la construcción de una planta en Tarragona que iba a producir 150.000 toneladas anuales.

 

Al mismo tiempo, sin embargo, la primera refinería de segunda generación ha nacido en Friburgo: Industrias Choren empezará este año a producir 13.500 toneladas de biodiésel a partir de residuos de madera. La empresa se basa en una técnica propia llamada Carbo-V que primero convierte la madera en gas, y luego usa el gas para sintetizar el diésel.

 

Los residuos leñosos -paja, madera, partes no comestibles de los cultivos- son una fuente potencial muy abundante. Pero digerir la madera ha resultado un problema técnico extremadamente difícil. Mientras Industrias Choren explota su método químico exclusivo, los británicos se han acordado de una vieja pesadilla de sus costas: el gribble, la versión marina de una termita.

 

El gribble de cuatro puntos (Limnoria quadripunctata) es un pequeño crustáceo. Se conoce en el norte de Europa desde hace siglos por sus destrozos en la quilla de los barcos, y más en Inglaterra, donde se comió el muelle victoriano de Swanage. Simon McQueen-Mason, de la Universidad de York, ha identificado las enzimas (catalizadores biológicos) que digieren la madera en el estómago del gribble.

“Hemos hallado enzimas nunca vistas”, dice el científico. “Falta ver si podemos adaptarlas para objetivos industriales”. McQueen-Mason coordina el programa de investigación sobre el gribble en el Centro de Bioenergía Sostenible del Reino Unido. Con una dotación pública de 27 millones de libras (29 millones de euros), el centro es la mayor inversión británica en investigación sobre biocombustibles de cualquier tipo.

 

Pero sus seis programas científicos persiguen un objetivo muy definido a corto plazo: la producción industrial de bioetanol a partir de paja de cebada. Incluyen el desarrollo de un cereal optimizada para lo que nadie la ha mejorado en 10.000 años de agricultura: que tenga una paja más energética. Otros laboratorios trabajan con los microorganismos que producen el actual bioetanol primario a partir de cultivos. Quieren crear cepas adaptadas a usar paja en vez de grano.

 

El pionero privado de la genómica, Craig Venter, tiene planes más ambiciosos para las bacterias. Se ha dedicado en los últimos años a secuenciar en masa cualquier cosa que saliera del agua, empezando por el mar de los Sargazos. La gran mayoría de los microorganismos no crecen en los cultivos convencionales, y esta estrategia no los necesita. Venter ha descubierto así miles de nuevos microbios y millones de nuevos genes.

 

Entre ellos hay 3.000 genes que fabrican distintos fotorreceptores, las proteínas especializadas en captar la luz solar. Una de las ideas de Venter es crear una bacteria artificial que lleve toda una gama de esos genes para aprovechar un espectro muy amplio de la energía solar. Convirtiendo en hidrógeno un 10% de esa energía, el científico calcula que una superficie de 13.000 kilómetros cuadrados bastaría para alimentar todo el transporte de Estados Unidos.

 

Venter ha creado su nueva empresa, Synthetic Genomics, alrededor del concepto de vida sintética: un genoma bacteriano que podrá ser hecho desde cero, añadiendo una a una las funciones buscadas, y combinándolas a la carta. Su gran plan es usar esa vida sintética para producir biocombustible. O combustible a secas.

 

En Oslo no se tira nada, ni siquiera las heces

 

Oslo tendrá en septiembre 80 autobuses alimentados por las heces de sus habitantes. Las contribuciones serán anónimas. Las dos plantas que tratan las aguas residuales de la capital noruega recogerán el gas metano que desprende la fermentación natural de las deposiciones. Al autobús sólo llega después un metano libre del pasado y revestido de inocencia química.

 

La medida ahorra emisiones, porque el carbono del CO2 que se emite al quemar el metano en el autobús proviene de las heces, y por tanto de la comida, y por tanto de las plantas que fijan el CO2 atmosférico (el balance neto de carbono es cero). Pero además evita que el propio metano de los detritos se escape a la atmósfera, como ocurre en todas partes menos en Oslo. Y sale 40 céntimos más barato que el litro de diésel.

 

Más cerca en varios sentidos, el Ayuntamiento de Alicante acaba de instalar 26 contenedores para que los vecinos depongan su fritanga. El aceite refrito sigue sirviendo como fuente de energía mucho después de haberse convertido en un peligro alimentario, y deshacerse de él resulta un engorro en cualquier caso.

Una ventaja de la fritanga es que no hay que inventar ninguna técnica nueva. El biodiésel actual ya se obtiene refinando aceites. Por lo general, provienen de campos de cultivo -palma, coco, soja, colza y aguacate sembrados con ese propósito-, pero el método se va aplicando a pequeña escala para reciclar aceites usados. El producto sirve para sustituir al gasóleo en los motores diésel. Y a nadie se le ha ocurrido venderlo.

JAVIER SAMPEDRO

El mercado de carbono movió 92.000 millones en 2008

La industria española ha vendido 20 millones de toneladas de derechos contaminantes que le sobraban y ha conseguido una financiación de 400 millones de euros. El mercado de derechos de emisiones de dióxido de carbono (CO2) está más activo que nunca. El año pasado, esta bolsa, a la que acuden las empresas para comprar y vender los derechos de contaminación que les entrega, de manera gratuita, el gobierno de cada país firmante del protocolo de Kioto, movió 92.000 millones de euros en todo el mundo, un 83% más que en 2007. En total, se negociaron 1.991 millones de toneladas de CO2, un 50% más que en el periodo anterior.

Estas cifras, que aparecen en el último informe anual que publica la plataforma de negociación de emisiones SendeCO2, tiene un guión particular para el caso español.

 

La industria española, especialmente maltratada por el desplome del sector de la construcción, ha acudido a este mercado para vender sus derechos de emisión. Las empresas cementeras y azulejeras han tenido un excedente de derechos de contaminación, porque sus fábricas han bajado su ritmo de actividad, ante la caída de la demanda. Si se produce la mitad, también se contamina la mitad. “La industria vendió 20 millones de derechos de emisión (toneladas de carbono) en 2008, con los que consiguió 400 millones de euros”, señala el informe de SendeCO2. Sin embargo, esta actitud de la industria, que ha vendido estos valores para encontrar una financiación difícil de conseguir en las entidades financieras, ha sido juzgada por algunos expertos como precipitada.

 

“Estas compañías no están valorando la posibilidad de transferir estos derechos para el periodo 2013-2020, cuando la asignación gratuita del carbono empiece a reducirse, hasta eliminarse por completo y haya que pagar por cada tonelada que se contamine”, apunta Francisco Moreno Vicente, consultor de ATKearney.

 

Las empresas compradoras son en su mayoría del sector energético. La secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, reconoció, en una entrevista con EXPANSIÓN, que el sector eléctrico español ha recibido una asignación gratuita de derechos “especialmente dura, de en torno al 50% de la emisión proyectada (la que realmente genera)”. Este sector es el que, a partir de 2013, dejará de tener cualquier asignación gratuita. En su caso no existirá una reducción progresiva.

 

Sin embargo, según señala el informe de SendeCO2, “el sector eléctrico español, ha conseguido disminuir sus emisiones de CO2 en 2008, en un 16,7%, hasta 79,7 toneladas, debido al cambio de carbón a gas, y al mayor peso de las energías renovables”. Ahora, las eléctricas contaminan menos, pero más de lo que tienen asignado. Así que deberán seguir comprando y la pregunta es ¿a qué precio?

 

Un valor de picos y valles

En 2008, el precio de la tonelada de carbono tuvo una oscilación peligrosa. De abril a septiembre el valor estuvo por encima de los 28 euros/tonelada (alcanzó su máximo histórico en julio: 28,30 euros) y cerró el año en 15 euros. En los primeros meses de 2009, la fluctuación de la tonelada de carbono registró una cotización de mínimos en febrero, rebajó su precio un 27%, desde sus 10 euros de partida. Según Ismael Romeo, de SendeCO2, la explicación de esta variación tiene que ver con el hecho de que, a finales de febrero, es cuando las empresas preparan su balance de emisiones (que tendrán que presentar al Gobierno) y acuden al mercado a vender su excedente o comprar los derechos que cubran su exceso de contaminación. Esta caída del precio pone en evidencia un exceso de oferta de derechos, algo que se explica con la crisis y las excedencias contaminantes del sector industrial.

 

La previsión para los próximos meses es que el mercado registre un gran movimiento –el 28 de febrero se entregaron los derechos para 2009­– y “el precio de la tonelada de carbono se sitúe, incluso, por debajo de los 10 euros”, apunta Romeo.

 

Aunque, a medio y largo plazo hay motivos para pensar que el derecho contaminante se encarecerá. Entre otras razones, está que en 2013, los derechos gratuitos se irán reduciendo de manera progresiva y, lo que se adquiera ahora, se podrá utilizar para el periodo 2013-2020.

 

Las eléctricas, por ejemplo, han visto recortar en 30 millones, sus derechos de emisión para el periodo 2008-2012, con respecto al 2005-2007. España, en su conjunto, opera como país demandante en la bolsa del CO2. Según las estimaciones de la Agencia Europea para la Energía (EEA), en 2010 las toneladas de CO2 emitidas por los sectores productivos del país excederán en un 23,7%, de las que les corresponde según el protocolo de Kioto. Este año, la asignación que se ha repartido entre las compañías ha sido de 152 millones de toneladas.

 

Las empresas asumirán el coste de este exceso contaminante. Entonces, las compañías que no hayan hecho el aprovisionamiento de derechos en momentos como el actual, con una tonelada a menos de diez euros, puede que lo lamenten.

 

 

Electrodomésticos sostenibles

El uso de aire acondicionado para afrontar las inclemencias del verano no tiene por qué suponer un desembolso excesivo en el bolsillo de los andaluces. Tampoco respecto al consumo eléctrico y en consecuencia, a la polución. A partir de este momento, todos los interesados pueden obtener ayudas de hasta 222 euros para sustituir su antiguo aparato de aire acondicionado por otro más eficiente. Un ahorro que cuenta con los beneficios añadidos de no esperar a la época estival, momento en que el precio de las unidades aumentan, la disponibilidad es escasa y la instalación se demora por la gran demanda.

La Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa ha destinado este año para el Plan Renove un presupuesto de 14 millones de euros. Por vez primera contempla aparatos de aire acondicionado, incluyendo la instalación y desinstalación del equipo antiguo. La ayuda asciende como máximo al 25 por ciento de su precio de venta.

 

Buena aceptación

 

Hasta 1.600 andaluces han apostado ya por aparatos de aire acondicionado más eficientes. En total, todas las peticiones suman un incentivo superior a los 4,2 millones de euros. Por cada sustitución se consigue un ahorro energético comparable a 3.375 horas de funcionamiento de una bombilla de 60 watios y se evita la emisión de 74 kilogramos de CO2 al año. Pero además, los hogares notarán un cambio en la factura de la luz, ya que al cambiar un aire acondicionado de clase D por otro de clase A supondrá un ahorro de 20 euros al año.

 

Desde que el pasado 8 de enero se abriera el plazo de la nueva edición del Plan Renove, han sido ya más de 46.000 familias, (casi 1.200 al día) que han participado en esta medida recibiendo un incentivo medio de 86,35 euros por la sustitución de su frigorífico, congelador, lavadora o lavavajillas ineficiente por otro de clase A o superior en el caso de que el electrodoméstico ya la tenga; así como de 222,46 euros por la sustitución de aire acondicionado por otro de clase energética o superior.

 

Trámite «fácil»

 

Según fuentes de la Consejería de Innovación, la tramitación de los incentivos «es muy fácil para los ciudadanos y comerciantes a través del localizador geográfico de la página web. Así, los usuarios sólo tienen que acudir a alguno de los establecimientos que la web refleja como adheridos al Plan donde se les aplica directamente el descuento en el momento de hacer su compra. El propio comercio se encarga de cumplimentar la solicitud de incentivos vía telemática». Los ciudadanos deben entregar un electrodoméstico del mismo tipo que el que desean adquirir, de menor eficiencia energética, que esté en uso y cuya instalación se vaya a realizar en una vivienda de Andalucía. El electrodoméstico sustituido será retirado por el comercio sin coste alguno para el comprador.

 

Sevilla ha sido la provincia donde más solicitudes se han presentado con 11.549 (25%). Le sigue Málaga con 7.613 (17%), Cádiz con 7.162 (16%), Córdoba con 6.089 (13%), Granada con 5.359 (12%), Jaén con 3.429 (7%), Huelva con 2.461 (5%) y Almería con 2.430 (5%).

 

Por otro lado, actualmente hay 1.407 comercios que han solicitado adherirse al Plan Renove en esta tercera edición, de los que ya están adheridos 1227. La provincia con más comercios adheridos es Sevilla (279). Le sigue Málaga (181), Córdoba (177), Jaén (162), Cádiz (129), Granada (125), Almería (96) y Huelva (78).

 

La Consejería de Innovación, a través de la Agencia Andaluza de la Energía, ha invertido en las dos ediciones anteriores más de 11 millones de euros.

Cómo valorar el rendimiento ambiental de los inmuebles

Cinco grandes sociedades están trabajando actualmente en un método de calificación «verde» para ayudar a propietarios y administradores de fincas a valorar, calificar y comparar el rendimiento medioambiental de los inmuebles que ya posean.

Las sociedades son AEW Europa, AXA REIM, Bureau Veritas, GE Real Estate Europe e ING Real Estate.Uno de los principales aspectos del uso de un edificio son evaluados y contrastados mediante indicadores tangibles y susceptibles de medición: energía, emisiones de carbono, agua, residuos, sanidad y transporte.

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