Nunca en su centenaria historia había estado el grupo Vidur tan cerca de la élite de la arquitectura. En los despachos de los grandes divos del oficio está la tarjeta de visita de Adriana Tarrida, que es quinta generación de una industria familiar del vidrio y que tuvo la visión de maridar el cristal de la construcción para fachadas con las energías renovables. “Hemos desarrollado la tecnología que permite introducir células fotovoltaicas entre dos placas de vidrio con todas las garantías de seguridad de la normativa de construcción: si una de las dos láminas se rompiese, los trocitos quedarían enganchados al adhesivo, el polivinilo butiral (PVB)”. Según Adriana Tarrida, Vidur Solar es una de las seis únicas empresas en todo el mundo que pueden dar esa certeza. Entre los últimos encargos destaca la cubierta de la rehabilitación del edificio del Síndic de Greuges de Catalunya, en Barcelona.
Vidur empezó hace un siglo con la producción de vasos y copas con vidrio soplado. Pero no tomó carrerilla hasta los primeros años 60, cuando se especializó en los vidrios templados para la construcción, unos cristales endurecidos que difícilmente se rompen y que, cuando se quiebran, lo hacen en trozos minúsculos (lo que evita daños a las personas). Al cristal para puertas y ventanas incorporaron el que se emplea en la fabricación de electrodomésticos como, por ejemplo, las campanas de cocina. “Pero ese cristal empezó a ser una commodity por la irrupción de las industrias de Europa del Este y nos seguimos diversificando. Así, en el 2001 nos estrenamos con el vidrio para la automoción: tractores, autobuses y náutica. Sobre todo series cortas”.
En el 2003 Adriana Tarrida hizo un máster de administración de empresas que inspiró su nervio emprendedor. Puso los ojos en la energía fotovoltaica. La clave estaba en hallar un proceso productivo que permitiese aplicar el adhesivo robusto de uso habitual en el cristal de construcción, el PVB, a esa tecnología. Para que dé lo máximo de sí, ese adherente se debe someter a altas presiones y temperaturas, así que el reto era evitar que las células fotovoltaicas resultasen dañadas de rebote. “No nos bastaba con el adhesivo que se emplea en las placas de los parques fotovoltaicos donde, claro, no peligran las vidas humanas”. Vidur Solar solo fabrica módulos fotovoltaicos vidrio-vidrio: las células se albergan entre dos láminas de cristal (en las placas tradicionales un parte es vidrio y la otra, plástico tedlar).
La empresa está haciendo ofertas en los Emiratos Árabes Unidos, un mercado muy exigente porque las células se llegan a someter a temperaturas de hasta 80 grados (con temperatura ambiente de 55).
El mercado es pequeño pero muy prometedor. Vidur Solar no tiene nada que ver con la importadora que trae placas fotovoltaicas estándar de China en contenedores: todo lo que fabrican se hace a medida y bajo demanda. “Como somos vidrieros, por la parte interior podemos pintar una serigrafía para ocultar las células. O podemos combinar con otras tecnologías del vidrio, incorporando serigrafías, vidrio con cámara de aire, etcétera”.
El prescriptor de esta nueva línea de negocio es el arquitecto, un profesional que, en los últimos años, está empezando a proponer soluciones sostenibles en sus proyectos.
El grupo Vidur, con sede y fábrica en Esplugues de Llobregat y con plantas en Berga y en Manresa, mueve unos 32 millones de euros al año y da empleo a 215 personas



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