El primer ministro británico, Gordon Brown, anunció el viernes un plan de expansión de energía eólica marina valorado en 100.000 millones de libras. ¿Hasta qué punto es verde y eficiente energéticamente la economía medioambiental? El proyecto forma parte de la estrategia del Ejecutivo para garantizar que de aquí a 2020 Reino Unido genere el 15% de su energía de fuentes renovables.
Las oportunidades de negocio son importantes: el Crown State, la autoridad que administra el 55% del litoral en nombre de la Corona, alquilará sufiente lecho marino para albergar parques eólicos de 25 Gigawatios.
El proceso de licitación podría marcar el inicio de un programa de desarrollo comparable a la apertura del Mar del Norte a la producción de gas y de petróleo en las décadas de los setenta y los ochenta. En un momento en el que Reino Unido pone en entredicho su excesiva dependencia de los servicios financieros, la importancia que se está concediendo al proyecto es comprensible, sobre todo porque las restricciones al suministro de gas comercial han despertado dudas sobre el atractivo del país como destino manufacturero.
Aunque podría resultar una opción atractiva desde el punto de vista político, desde la perspectiva económica no lo es tanto. Sin importantes ayudas estatales, las empresas energéticas que se ven obligadas a desarrollar un modelo de crecimiento económico con menores emisiones de carbono no conseguirán rentabilizar su actividad.
Además, según Citigroup, las inversiones en energías renovables, sobre todo en el caso de la eólica, disminuirán la productividad. Ampliar de forma sustancial la capacidad eólica de la red eléctrica británica reducirá su eficacia. Según la entidad, dado que es necesario retener la actual capacidad para compensar la variabilidad de la producción eólica, la producción general de la red eléctrica disminuirá aproximadamente un tercio de aquí a 2020.
Es probable que países como Francia y Alemania,que cuentan con sectores de ingeniería competitivos, obtengan un beneficio neto en cuanto a empleo y crecimiento, mientras Reino Unido se pone verde de envidia.