La cocina verde

Cada vez hay más personas que piensan en el impacto ambiental a la hora de comprar, usar o reciclar. Uno de los elementos que más han evolucionado son los aparatos que utilizamos en casa para cocinar, lavar o conservar. Los productos líderes han logrado reducir en 15 años los consumos de agua y de energía entre un 30% y un 80%. El agua consumida por una lavadora se ha llegado a reducir un 72% y la electricidad consumida por un frigorífico, en un 79%. La eficiencia energética se ha convertido en el segundo motivo de compra de electrodomésticos en España (el primero es el precio) y en un aspecto clave para diseñadores y fabricantes (Estudio Gfk en la Unión Europea, mayo 2008).

LAVAR, LA CLAVE ES EL AGUA CALIENTE

 

El 90% de la electricidad consumida en las lavadoras de ropa y, especialmente, en los lavavajillas sirve para calentar el agua: sólo el 10% restante se emplea en mover el motor que acciona el tambor de una lavadora. De ahí el interés de usar lavadoras y lavavajillas biotérmicos (con dos entradas, para agua fría y caliente, en el caso de las lavadoras de ropa) o pretérmicos (en el caso de los lavavajillas) que permitan utilizar el agua caliente ya disponible para el baño y el grifo de cocina, siempre y cuando proceda de una caldera de gas natural. La última novedad en lavavajillas son las zeolitas, que absorben la humedad y generan calor en el proceso de secado: la humedad se almacena en el depósito de zeolitas y el aire caliente se traslada al interior del aparato, reduciendo sus necesidades de energía externa en un 7,6%. Por lo que se refiere a las secadoras, el último grito son las que no tienen resistencia eléctrica y aprovechan el calor residual por medio de líquido refrigerante, como si fuera una bomba de calor: este calor reciclado se inyecta en el circuito primario contribuyendo a la mitad de las necesidades térmicas del aparato. En cualquier caso, es importante usar la temperatura de lavado más baja posible, pues un programa de una lavadora a 90 º C gasta cuatro veces más energía que uno a 40 º C y bastante más agua, y así como llenar completamente el aparato. También es importante eliminar el prelavado si no es necesario. Hay que asegurar también que la gama de la lavadora de ropa es apropiada al grado de humedad de nuestro país. En España, con poca humedad, basta con 400 revoluciones por minuto en el centrifugado y no es necesario comprar (como en Alemania o Inglaterra) aparatos de alta gama de 800 o 1.000 RPM, que aumentan mucho el consumo energético. Desde el punto de vista energético es recomendable usar secadoras de gas natural, más eficientes energéticamente, menos contaminantes y con mayor calidad de secado.

 

CONSERVAR MANTENER Y RECICLAR

 

Los frigoríficos están siempre en funcionamiento. Por esta razón son el electrodoméstico que consume más energía en el hogar (sin considerar la climatización). Hasta hace poco tiempo, usaban CFC (clorofluorocarbonos) como aislantes y refrigerantes, unas sustancias que contribuyen a reducir el ozono de la alta atmósfera que nos protege de los rayos dañinos del Sol. Hoy la totalidad de los frigoríficos en el mercado han eliminado estas sustancias: hay que asegurarse de que así sea, y que su reciclaje al final de la vida de la nevera asegura la correcta gestión de estos gases nocivos. Hoy existen frigoríficos que consumen el 80% menos de energía que hace 15 años. El mantenimiento y buen uso es fundamental: la temperatura de la nevera se ha de mantener entre los 3 º y los 5 º C y en el caso forma escarcha dentro del congelador, se deberá descongelar antes de que la capa de hielo llegue a 3 milímetros. Con ello ahorraremos hasta el 30% de la energía. Es inapropiado introducir alimentos calientes y es recomendable, en cambio, descongelar dentro del frigorífico. El frigorífico debe instalarse lejos de los focos de calor y de la radiación solar directa y ha de asegurarse la circulación de aire por su parte posterior. Ubicar mal la nevera supone un 15% más de consumo.

 

Manuel Ludevid

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